
Cuando era pequeña, mi madre me llevaba a ver un almendro de mi barrio cada año cuando florecía, eso significaba que empezaba la Primavera. Mi última escapada antes de ser mamá, fué ir a ver campos floridos de almendros. Mi niña nació en época de floración. Así que su bonito nombre «Mia» estará para siempre en mi piel flotando sobre una flor de Almendro.

Mi abuelo fumaba. Fumaba mucho, y negro. Fumaba desde los 8 años y nosotros ilusos seguíamos regañándole cuando le veíamos fumar.
Siempre que le regañábamos, sonreía y nos decia, “sabes qué te digo? Que memémemé.”, a modo de “no me importa lo que me digas, actuaré según mi criterio.
A día de hoy, sigue siendo una expresión muy arraigada en mi familia, al igual que sus recuerdos.

Mi tatuaje va dedicado a mi abuelo, mi mayor tesoro al cuál tengo claro que volveré a ver, siempre está presente en mi en cada paso de mi vida y no podía dejar que no estuviese también en mi piel para siempre.

Hace menos de un año tuve un problema grave de salud y durante aquellos meses las palabras que más escuche fueron «que valiente». Por eso este tatuaje me recordará toda la vida que fue duro, pero vencí y lo conseguí.

Mi tatu es muy especial. Tengo 38 años y una enfermedad que se llama FibrosisQuistica y por ello llevo 15 años trasplantada de ambos pulmones. El angel es mi agradecimiento diario a la persona anónima que Dono sus órganos y es mi aire porque gracias a él respiro cada día. Lo llevo en la parte interna del brazo a la altura del codo cerca de mis pulmones.

Me lo regaló mi marido cuando mi hijo tenia unos dos años, entre una cosa y la otra no me decidia hacermelo. Me quede embarazada de nuevo y luego estube con lactancia. Justo hace un año decidí hacermelo y a los tres meses me diagnosticaron cancer de mama. Me han quitado los dos pechos, pero gracias al tatu siempre que los medicos me veian nerviosa me preguntaban por ellos y se me pasaba.