
De pequeña soñaba con ir a las frías tierras del norte de Noruega, Alaska o Islandia y ver las auroras boreales. Y cuando se hizo realidad me quedé de piedra. Ese es mi nuevo norte, y ahora queda tatuado en mi memoria y en mi piel.

He vivido durante los 2 últimos años en Edimburgo, desde la ventana del piso que vivía he contemplado los atardeceres más bonitos del mundo. Ahora cuando regresé a España quería tener un tatuaje recordando esa experiencia en el extranjero, así que decidí tatuarme un atardecer para recordar para siempre esos impresionantes atardeceres y una de las experiencias más bonitas que he vivido.

Me inspiró un viaje a Tailandia donde aprendí a dejar atrás cosas dolorosas y aferrarme a las pequeñas cosas que nos llenan.

Esta inspirado en todo lo que me apasiona y me recarga las pilas: viajar, senderismo, montaña, playa. Y además, refleja dos sitios importantes para mi: mi lugar de nacimiento y el continente africano que veo cada mañana al levantarme.

Fue por mi viaje a México este mismo año, y me lo tatué porque el maíz es la base de la alimentación mexicana y porque los aztecas pensaban que los Dioses venían del «elote».

Este tatuaje simboliza un recuerdo de mi viaje a EGIPTO.
Quería tener algo que me lo recordará y me tatué la flor de loto.