
Cuando tenía 16 años sufrí una ruptura amorosa muy dolorosa. Pasé un verano sin comer, sin dormir y llorando. Me refugié en mi habitación, con mis libros. Un buen día de agosto cayó en mis manos el libro de El Alquimista, de Coelho. Este libro me regeneró por dentro y me ayudó a entender que todo pasa por algo y que nada duele para siempre. «Maktub», lo que tiene que ser, será.

De pequeña, mi madre y yo nos tumbábamos cada noche antes de dormir con un libro que tenía sobre ángeles. Elegíamos un ángel cada noche y dedicábamos y afrontábamos todo el día siguiente a ese ángel. Mi favorito era el del amor.
Así, ahora puedo decir que mi madre me ha dado alas, que me protegen y me permiten volar.

Según la leyenda el hilo rojo es en dedo meñique, pero pase lo que nos pase como pareja, sé que encontré el amor de mi vida, por eso me lo he tatuado en el dedo de casada y además, así no se me pierde el anillo

Recién salido del horno, «El momento más bonito de la vida». Refiriéndose, en mi caso, a la juventud, a todos los momentos vividos con las personas a las que quiero, momentos que me hacen feliz.

Este tatuaje me lo hice por mi abuela, antes de tener Alzheimer, ella nos contaba que antes de llamarse Ana María, mis bisabuelos la habían llamado Libertad (que es lo que significa el tatuaje en Griego antiguo) en plena Guerra Civil, así que para no meterse en problemas le cambiaron el nombre. Este tatuaje es un tributo al mismo para que su estirpe quede siempre presente.

Mi padre falleció el año pasado. Sé que no es un trago fácil, pero decidí tatuarme su documento con su propia letra. Lo escribí como si él siguiera conmigo y me lo tatuarse el mismo desde dentro escribiendo su DNI como siempre hacía.